viernes 25 de diciembre de 2009

A los reyes magos

Queridos reyes magos:

Os escribe una republicana que no cree en vuestra soberanía real, que os concibe como personas iguales a las demás y, honestamente,  que tampoco está convencida de que hagáis magia, porque hace muchos años ya me contaron que los regalos de reyes los compraban los padres y ahí se quedaron las ganas de conocer a Melchor, mi rey preferido.

También os digo que no me gusta la Navidad, no sé bien por qué, pero la soporto mal, no me gusta darle a estos días un significado que, en principio, para mi no tiene y no sólo porque sea atea. Tampoco celebro de forma especial el solsticio de invierno.

Y aun con todo este bagage, si realmente hay algo de sobrenatural en todo esto, quería pediros que, por favor, en la noche en que hagáis vuestro reparto, no os olvidéis de mi y me dejéis tres cosas: un paquete de apósitos encantados, que curen y desinfecten las heridas rápidamente en caso de urgencia; un saco con un buen puñado de ilusiones y, si puede ser, que sean contagiosas para que todas aquellas personas que estén cerca puedan olerlas e ilusionarse a su vez. También, si no es abusar, traedme unas gotitas de buen humor y así tener más energía positiva que pueda regalar a los demás.

Muchas gracias.

PD: Como no pongo árbol de navidad ni nacimiento, ni ná de ná, dejad lo que os he pedido en el lugar que consideréis más conveniente. Para daros una pista, este año dejaré mis zapatos cerca de la terraza.

miércoles 23 de diciembre de 2009

A palabras necias...

Con la melancolía no se juega
sobre todo si sube desde los huesos
y se abre temblorosa y delirante.
"Melancolías". El mundo que respiro (2001). Mario Benedetti.

Tremendo caos de ciudad el de hoy. Llueve toda la noche en Madrid. Como consecuencia directa el metro se inunda, los autobuses se colapsan, mucha gente ha llegado tarde a su trabajo (yo incluida) y la gente tiene mal humor, que si hace frío, que si me mojo, que si quiero vacaciones... (que también lo digo yo).
Pero lo peor no ha sido eso, aparte de madrugar y que me falte la energía fluida para mover mi cuerpo, me he encontrado en el autobús una de esas conversaciones entre dos señoras que se lo saben todo, dispuestas a dirigir el mundo, y haga lo que se haga siempre les parecerá todo mal.

La cosa comenzó sin muchas pretensiones:
-¡Vaya mierda de metro que tenemos! ¡Pero eso sí, el billete no deja de subir!- (hasta ahí, podía estar de acuerdo).
-Si es que mi calle estaba llena de hielo, pues que saquen al ejército a echar sal por las calles-
-Para algo tienen que estar, que están ahí en el cuartel de la Calle..... (piiii) ganduleando. ¿Para qué les pagamos?-
- Pero delante del Congreso, todo lleno de sal para que pase el muy gilipollas-

La cosa va subiendo de tono...

-Si es que esto es peor que la dictadura, dentro de poco no vamos ni a poder fumar. Y yo soy fumadora, la de dinero que van a perder los bares, porque yo no pienso ir a un sitio donde no se pueda fumar. Y como yo, todo el mundo-
-¡Y tampoco se puede beber en la calle! No nos dejan hacer ná-
-Que se preocupen del paro y se dejen de cambiar de sitio estatuas y de abortos-
-Pero fíjate tú, que hasta las niñas de 16 años van a poder abortar, ¿dónde se ha visto eso?-

-¡Es una vergüenza!-
-Sí, sí, y luego que la historia no se puede cambiar por muchas estatuas que quieras quitar. Mira lo que le han hecho a la estatua de Colón- (lo decían como si Colón estuviera vivo).
-¡La han tenido mareada todo el rato! ¿Y qué te parece lo que han hecho en Sol? La mierda de intercambiador con esa cosa de cristales que deslumbra cuando hace sol, eso lo sé yo porque los comerciantes  se han quejado-
-Sí, sí, es que no sé para quién hacen las cosas, porque además Sol es de estilo antiguo, eso no pega-
-¿Y qué te parece lo de los piratas? Que han vuelto a secuestrar a unos cooperantes, ¿por qué? Porque los españoles somos gilipollas y saben que pagamos!
-Eso, eso, que se preocupen de que los españoles tengan trabajo y se dejen de historias-

Por suerte, la gente fue saliendo del autobús según avanzaban las paradas y pude deslizarme a otra esquina un poco más lejos de las dos mujeres que no paraban de criticarlo todo. La frase más repetida, Zapatero nos ha llevado a la ruina.
Mi duda es ¿sabrán estas mujeres que la serie de puntos de los que se quejaban dependían de competencias distintas? La sal para Gallardón, así como su ley antibotellón, los cambios de estatutas y la reforma de Sol; las reclamaciones del metro para  nuestra querida Esperanza Aguirre (que seguro que no se han molestado en pararse en la taquilla a hacer la correspondiente reclamación); y sí, la ley contra el tabaco, los piratas y el aborto son cosa de Zapatero.

Y que llueva, ¿de quién es la culpa?

domingo 20 de diciembre de 2009

"Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?. Eso es lo que significa ser esclavo.Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…, atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser.



Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia…


Es hora de morir."

Roy Batty (replicante), Blade Runner (Ridley Scott)

miércoles 16 de diciembre de 2009

En días como los de hoy

En días como los de hoy, pesaban la tristeza y las ausencias. Notaba en falta el compartir cotidiano, las palabras quitando miga a cualquier asunto que podía dramatizar en exceso, sobre todo contarle que le había pasado aquello o lo otro. Que le hiciera la cena cuando llegaba tarde a casa, que le estuviera esperando para ver una película, los paseos, las largas e interminables caminatas mientras hablaban de todo un poco… o simplemente permanecían en silencio mientras andaban, seguros y sinceros, creyendo que nada mejor les podía esperar.
En días como los de hoy, recordaba que una vez tuvo un sitio claro y tranquilo, un lugar llamado hogar, un espacio de entendimiento, una compañía y una amistad.

En días como los de hoy recuerda que de pronto algo pasó. Y ya no quiso más de aquello que le ofrecieron, quería experimentar, ver qué le depararía la vida si las circunstancias cambiaban, creyó que si se quedaba allí se estaba conformando, a pesar de que era de gran calidad.

En días como los de hoy piensa que es posible que se haya equivocado.

En días como los de hoy, no sabía si había merecido la pena tanto dolor; si hubiera visto lo que había al otro lado del tiempo, no sabemos si hubiera continuado alimentando su deseo de cambio, de curiosear aquí y allá, de sentir otras cosas.

En días como los de hoy, piensa que no y sólo hace una cosa, echar de menos.

"La sin pruebas"

¡Cuando te marchas, qué inútil
buscar por dónde anduviste,
seguirte!
Si has pisado por la nieve
sería como las nubes
-su sombra-, sin pies, sin peso
que te marcara.
Cuando andas
no te diriges a nada
ni hay senda que luego diga:
"Pasó por aquí".
Tú no sales del exacto
centro puro de ti misma:
son los rumbos confundidos
los que te van al encuentro.
Con la risa o con las voces
tan blandamente
descabalas el silencio
que no le duele, que no
te siente:
se cree que sigue entero.
Si por los días te busco
o por los años
no salgo de un tiempo virgen:
fue ese año, fue tal día,
pero no hay señal:
o dejas huella detrás.
Y podrás negarme todo,
negarte a todo podrás,
porque te cortas los rastros
y los ecos y las sombras.
Tan pura ya, tan sin pruebas
que cuando no vivas más
yo no sé en qué voy a ver
que vivías,
con todo ese blanco inmenso
alrededor, que creaste.


Pedro Salinas. Antología Poética

martes 15 de diciembre de 2009

Sensibilización confusa

Journey ha organizado una exposición en El Retiro para sensibilizar sobre la problemática de la trata de mujeres con fines de explotación sexual, este fenómeno que no es nuevo pero parece que se ha puesto de moda y se habla con tanta frivolidad de esta cuestión, que ya todo parece de ciencia-ficción.

Introduciéndote por diversos contenedores colocados como si fueran vagones de tren (uno detrás de otro) vas pasando por diferentes fases. En una de ellas, se escucha la voz de la protagonista, a la que han llamado Elena y que cuenta en primera persona el infierno que vivió cuando fue captada por una red mafiosa, la engañaron y la obligaron a prostituirse. Este caso es un claro ejemplo de víctima de trata, donde hay captación con engaño y coacción a niveles extremos (amenazas de muerte, maltrato, agresiones, sin capacidad de decisión).

En otro vagón hay una exposición de fotografías de un hombre que visitó varios burdeles y los servicios de las prostitutas consistieron en hacerle fotografías al chico mientras él posaba siguiendo las indicaciones de las mujeres. La verdad que tenía su gracia. En los carteles explicativos que acompañaban a las fotos, nada podía saberse sobre si estas mujeres que hicieron de fotógrafas por un día eran realmente víctimas de trata o prostitutas que ejercían por voluntad propia, ya que las únicas características que pone de manifiesto es que eran mujeres inmigrantes de dispares procedencias y que no dominaban el inglés.

En otro de los vagones, te mostraban el tipo de cuchitril donde vivía Elena mediante una representación de la habitación desvencijada, con la ropa interior sucia tirada, condones usados por todas partes, una cama inmunda y un olor nauseabundo que conseguía marearte. Pues sí, efectivamente, era asqueroso, pero indeseable para cualquiera, vamos, que he visto cartones de los sinhogar más limpios que eso. Con esto no quiero desdramatizar la situación, pero con esa escenita, iban a las vísceras de los expectadores, es evidente que nadie podía sentirse a gusto en ese lugar,  fueras puta, obrero o albañil. Y que efectivamente, daba asco, ¡cuidado! Lo visceral no es buen argumento para sensibilizar porque tiene doble filo.

En el vagón donde te mostraban el estigma, tenías que colocarte dentro de una especie de burbuja opaca donde te introducías sin poder escuchar absolutamente nada, representanto el vacío que sentía la protagonista ante la terrible situación. Aquí faltaba algo más de explicación, es decir, para quien desconozca el concepto del estigma y el estigma concreto de ser puta, merecía algo más, a mi me quedaba excesivamente pobre y simple, para lo complejo del término y de la vivencia en sí misma ya que puedes sentir gran vacío y soledad sin ser víctima de trata, la historia tiene otros muchos componentes interrelacionados que merece la pena intentar explicitar.

La idea de la exposición es interesante, no cabe duda, y hay cosas muy pero que muy rescatables. Pero otras juegan con la confusión, no queda claro esa diferenciación entre una prostituta y una víctima de trata, y no se puede meter todo en el mismo saco ya que es contraproducente para todos y todas. No se puede afirmar que toda prostitución es trata ya que entonces sí que estás frivolizando sobre la situación real de las víctimas, de ahí la crítica al comienzo de este post, que al final el auténtico delito contra los derechos humanos queda velado ante ese tipo de posiciones en las que se habla de todas las prostituciones sin diferenciar las caracteristicas de cada una. No, las maneras de ejercer son distintas, prácticamente hay tantas como personas se dedican a ello. Por no nombrar que parece que la trata de mujeres con fines de explotación sexual es el único tipo de trata de personas. ¿Qué pasa con los esclavos en el sector textil? ¿Y en el campo? ¿Y las redes que captan,engañan y coaccionan con fines de mendicidad?

El repeto, la base del entendimiento. El delito, persecución con contundencia. Las víctimas, apoyo y protección.

[Mi reconocimiento a las mujeres de las que pude escuchar su experiencia de viva voz, que escaparon de la red delectiva que no les permitía decidir libremente pero después optaron por seguir ejerciendo la protitución, ser sus propias jefas y administrar su propio dinero.]

domingo 13 de diciembre de 2009

Sobre la falta de sueño y otros demonios

¡Duérmete ya! ¡Duérmete ya! Pues no, el sueño, el jodío, que me persigue a cualquier hora del día, cuando llega el momento adecuado, va y se escapa. Y suele tardar unas horas en volver. Esto me enfada bastante pero así me ha tratado el muy desconsiderado durante toda esta semana. Mira que se lo tengo dicho, "no vengas muy tarde que me empiezo a preocupar", pero nada, ni caso. Y el muy puñetero me hace sufrir por su ausencia, y mi cuerpo molido, especialmente las cervicales, necesita su presencia. Aunque la que peor lo pasa es mi cabecita que espera desesperándose hasta que siente su llegada y entonces sí, ¡felicidad absoluta! Y es que hay pocos momentos que me den tanta satisfacción como los de dormir.

Para más atropellos, por orden del señor Alcalde ya ha llegado la Navidad, sí, esta temporada apestosa que inunda de luces de colores y canciones estúpidas la ciudad. Y coincide con mi época más ñoña y desafortunada del año en cuanto a humores y ánimos. No sé si es que mi sueño odia mi actitud últimamente frente a la vida y no quiere saber nada de mi. Fijaros hasta dónde llega mi apatía que últimamente ni leo las noticias, no sé cómo va el mundo y qué queréis que os diga, la mayor parte de los días de esta semana y de la anterior, ni me ha importado. Vamos, que empiezan a desalojar el planeta por la caída inminente de un meteorito y yo... ¡a por agua! De hecho, emitieron el programa de mi intrépida reportera Samanta Villar, que estuvo 21 días en las minas de Bolivia y oye... que no tuve ni fuerzas para criticarla. ¡Esto comienza a ser grave!

sábado 12 de diciembre de 2009

La huida

Huí, es cierto.
Huir es un naufragio,

un mar en el que buscas tu rostro, inútilmente,
hasta convertirte en náufrago de sal,
cristal en el que brilla la nostalgia.
Huir tiene el olor de la esperanza,
huele a cierto y a traición,
se siente vigilado, está perdido
y no hay ningún imán que guíe
su insensato paso migratorio.
Huir parece alimentarse de tiempo,
respira distancia y mira, desde muy lejos,
un horizonte de escombros.
Huir tiene frío y en la piel de su vientre
resuenan palabras graves valor asombro lluvia.
Huir quisiera ser un pez abisal que ha llegado a la superficie:
despues de tanto oscuro,
de tantos siglos anegado en la profundidad,
brillan las primeras gotas de luz
sobre su lomo albino de criatura castigada.
Pero huir es un naufragio
y tu rostro un puñado de sal
disuelto en el transcurso de las horas.
La huida. Guadalupe Grande

Desde aquella noche en que su fobia social hizo su reaparición (sería más correcto decir que nunca se fue pero sus efectos sí llegaron a mitigarse), aquella noche en que ella, que había intentado sacarse provecho y ponerse guapa, llegó al lugar de la cita y nada más entrar, decidió marcharse por la misma puerta por la que había entrado un minuto más tarde. A pesar de haber tardado más de media hora en aparcar y no desistió en el intento, a pesar de haber estado en  casa esperando el momento para salir después de superar la pereza que le daba... La invadió una sensación de incomodidad, de vulnerabilidad, el miedo aterrador a sentirse expuesta, la inseguridad del vínculo que la unía para haber ido hasta ese lugar. Y una vez que cruzó el umbral de la puerta, al comprobar que iba a echarse a llorar en cualquier instante, corrió hacia la salida como si le fuera la vida en ello, respirando agitadamente mientras le subía el calor a la cabeza y empezaba a sudar. No quiso pensar en la cara que se le habría quedado a la gente de la fiesta, le daba auténtica vergüenza volver a entrar porque no tenía excusas, bloqueada, nada se le ocurría. Con las mismas, se volvió a su casa con grietas en la autoestima.

Por suerte, una tiene esas amigas que le hacen reirse de todo, hasta de lo más inquietante... Le contó a la tarde siguiente, como si estuviera confensando un gran secreto, su entrada "triunfal" al bar de la noche anterior. Esa amiga, veterana en tratarla, que siempre le decía ante una decepción sentimental que "hay más tíos que botellines". La amiga inseparable en los malos momentos, la que siempre tiene palabras de apoyo para ella, le dijo: "Lo bueno se sirve en botes pequeños. ¿No dicen que lo bueno si breve dos veces bueno?"

Consiguió que se rieran un buen rato de la situación acongojante para la protagonista ("avísame si lo vas a repetir, ¡que lo quiero ver! Pero no te acostumbres a hacerlo, ¡eh? Que pierde impacto") y lo absurdo de su huida, convirtiendo el momento en un chiste y su retirada a tiempo en toda una aventura.